“Entre a la oficina de aquella abogada,

una de esas bien recomendadas.

Le dije: Falsifiqué una firma y quiero que me ayude. 

Estaba tan asustada que no le di detalles y ella no los pidió.

Un año después de estar cumpliendo la Sentencia,

me di cuenta de que mi firma no estaba en aquel papel.”

 

El testimonio anterior es real y representa una cruda realidad. Movidos por el desespero y la angustia de enfrentarse a un proceso legal, muchos recurren a abogados en busca de ayuda, pero omiten contarles información importante.  La honestidad y la lealtad mutua, son parte integral de una representación legal de calidad.  Más aún, son la base de la relación del abogado y su cliente.

Puede resultar penoso o incómodo, revelar ciertos hechos que son parte indispensable de la situación que le lleva a una oficina legal.  Sin embargo, son precisamente estos aspectos los que permiten que el abogado entienda la situación del cliente, considere formas de intervenir, estructure un plan de acción para atacar el problema, provea alternativas y le oriente sobra las posibles consecuencias.  También es altamente probable que existan defensas escondidas en los detalles bochornosos, que el abogado jamás podrá articular, si el cliente no es honesto.

“Relax, esto es entre nos”:

Es importante que el cliente sepa que para los efectos del privilegio, la relación Abogado-Cliente comienza cuando el cliente acude a requerir los servicios de representación o asesoría, es decir, desde la relación “imperfecta” ya que aún no existe una contratación.  Toda la información confidencial relacionada al asunto legal, queda protegida por el Privilegio Abogado-Cliente, según lo garantiza la Ley,[1] y no será divulgada, ni admisible en evidencia, a menos que se renuncie la protección.  El dueño de este Privilegio es el cliente, por lo que si este no lo renuncia, nadie podrá hacerlo.[2] Además, este Privilegio cubre las confidencias relacionadas que se discuten con el personal que trabaja en la oficina del abogado o sobre las que estos tienen constancia.

La lealtad del abogado para con su cliente es exigida.[3]  La honradez entonces, promoverá que el abogado en su mejor juicio, utilice aquellos hechos que son pertinentes y que resultarán en el mejor provecho del cliente y la justicia.  Si existe algún secreto que el cliente no desea que sea revelado, debe igualmente decirlo.  El abogado deberá manejar la situación de modo que, en la medida de lo posible, cumpla con el deseo del cliente, sin que esto sea contrario a la Ley o las exigencias éticas.

“Un momento, eso sí que no.”

El abogado no permitirá que su consejo legal sea utilizado para planificación o comisión de un delito y mucho menos encubrirá uno.  Es por esto que las confesiones relacionadas a delitos que no se han cometido aún, que están en proceso o en planificación, no son materia privilegiada.  La responsabilidad del abogado no termina en escuchar, sino que debe tomar las medidas razonablemente necesarias o adecuadas para evitar que el delito se configure.  Decirle a su abogado que ya tiene el revólver con el que dará muerte a su esposa y la pala con la que enterrará su cadáver, NO ES MATERIA PRIVILEGIADA.

Un abogado tampoco deberá cruzarse de brazos y tolerar la mentira bajo juramento.  Esto no limita, el deber del abogado de ofrecerle al cliente las alternativas necesarias para evitarlo.

Establecer la diferencia entre secretos y confidencias es sumamente importante, ya que los primeros no están protegidos por el Privilegio.  Los secretos son aquellas expresiones que mencionamos antes, la cuales el cliente confía en el abogado, que no necesariamente son pertinentes a la controversia y que pide no se divulguen por ser embarazosas o detrimentales.  Supongamos que un cliente lleva un caso de daños por una caída representado por la Lic. Sabelotodo, un día que visitó la oficina, estando muy triste, le comentó a la secretaria de Sabelotodo que su esposa le era infiel.  Esta información será un secreto y no una confidencia, en virtud de la relación Abogado-Cliente.

“Contesto lo que me pregunten”

La anterior es una frase muy conocida y apropiada para el desarrollo de un interrogatorio.  El asunto es, que lo que el cliente hará con el abogado, no es un interrogatorio.  Se trata de una exposición clara y completa de los hechos que lo llevan a buscar representación legal.  Es probable que no sea necesario hablar sobre las experiencias de la niñez, pero si sobre su condición mental o emocional al momento de los hechos. Es recomendable que el cliente utilice su mejor juicio a la hora de conversar con su abogado y le cuente, aún aquello que no le pregunte.

3 Pasos para lograr la honradez en la representación legal:

1.  Ponga los nervios, el bochorno y la incertidumbre a un lado.

La preparación del abogado requiere que lea y se instruya en infinidad de temas.  Es probable que lo que a usted le causa vergüenza o nervios, ya el abogado lo ha escuchado antes.  Converse con naturalidad, con respeto y en lo posible, relajado.  Esto permitirá que las entrevistas fluyan favorablemente, evitará repeticiones innecesarias, logrará exponer mejor sus dudas y hasta salir de muchos temores.

2. Hable 

En la mejor de las circunstancias, el abogado le preguntará, le escuchará y rebuscará los hechos para estar seguro de que los entiende, además de crear un ambiente propicio para el diálogo en confianza.  La realidad es que no todos los abogados se toman el tiempo y la dedicación de seguir esta práctica por diversas razones.  Si esa no es la situación, asegúrese de contarle abiertamente lo ocurrido, exponer sus dudas y brindarle las herramientas necesarias para que le asista.  Cuéntele aquello que no pregunte, pero que usted sabe, que el abogado debería saber.  Si el abogado entiende que esa información no es importante, siéntase satisfecho de haberlo expresado, ya que guardárselo, posiblemente lo dejará lleno de dudas.

3.  Finalmente elija un abogado que le inspire confianza y que demuestre interés por su causa de acción.[4]

Esto le permitirá sentirse cómodo durante todo el proceso, el cual muchas veces se extiende por largos períodos de tiempo.  Responderá con gusto a sus requerimientos y tendrá la certeza de que le representará de acuerdo a sus intereses.

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[1] 32 L.P.R.A. Ap. IV R.503

[2] El acreedor o dueño del privilegio podría renunciar por sí, autorizar a su Abogado o a un 3ro para que hable de la materia, siempre que la renuncia sea voluntaria y con conocimiento de la existencia del privilegio e informado de las consecuencias de la renuncia.  También podrá entenderse renunciado si la conducta de la persona es claramente contraria a la protección privilegiada; se entiende como renuncia implícita y no aplica cuando se trata de Privilegios de base constitucional.

[3] § 18 del Código de Ética y Responsabilidad Profesional

[4] Cuando el abogado es asignado, no habrá espacio de exigir que el Estado le provea un abogado interesado en su caso y que le provea comodidad.  Esto, sin embargo, no es razón para conformarse con una representación legal pobre o inadecuada en derecho.